Volvió Radiohead, esa perfección que nos voló la cabeza

Si te gusta esta nota, Compartila!

 

Nueve años y dos discos después, Radiohead estaba frente a nosotros en un escenario. Lo hizo en el marco de la gira por A Moon Shaped Pool, su álbum más reciente, pero lo hizo también porque ¡ya nos tenía que tocar! Y los años de espera se reflejaron en un Soundhearts Festival con entradas agotadas desde hace ya varias semanas.

Es una de las bandas de rock actuales con trayectoria más importante, sin dudas. Habiendo pasado los 25 años de carrera, sus nueve discos demuestran una influencia fundamental dentro de un rubro que muta siempre fiel a su estilo, desde lo que comúnmente se llama rock alternativo hacia lo experimental, pasando por la electrónica. Pero todo este palabrerío técnico importa tan poco cuando se encienden las luces del escenario y estás en un estadio repleto viendo salir a tocar a Radiohead:

El show. Abrieron con Daydreaming y Ful Stop de A Moon Shaped Pool, pero enseguida apareció el aclamadísimo In Rainbows, con 15 Steps para generar el primer pogo de la noche. Inesperada porque a juzgar por el show que vienen de dar en Chile, no hubo rastros del tema que abre el álbum de 2007. Como primera muestra de Hail To The Thief – si, claro que habría más – hicieron Myxomatosis. Para este momento de la noche fría pero perfectamente despejada, Thom Yorke ya se había mostrado feliz y algo divertido a pesar de sus pocas palabras. Fue entonces cuando OK Computer – que viene de cumplir dos décadas – dijo presente con la clásica y profunda Lucky. Para seguir con el mood melancólico pasamos a Nude y luego de este tema Jonny Greenwood agarró el arco de violín y Thom se sentó en el piano. He aquí Amnesiac, se venía Pyramid Song.

Antes de Everything in it’s Right Place, Thom le deseó feliz cumpleaños a Ed O’Brien, que al hacerse las 00 cumplió 50. Ed agradeció a todos ante el cántico festivo y Thom se sentó con el teclado electrónico. Sonó Let Down, otro intenso himno de melancolía del perfecto OK Computer. Para Bloom, Jonny pasó a la percusión y Thom se colgó la Jazzmaster. Entre tema y tema podíamos ver a un Yorke muy gracioso y por momentos hiperactivo, con algunas risas forzadas que nos contagiaban su locura. Sonó The Numbers, otro corte de A Moon Shaped Pool, y luego la euforia invadió el predio de Tecnópolis porque arrancó la intro de My Iron Lung, esa joya de The Bends que no habían tocado en su visita de 2009.

Cuando estaban interpretando The Gloaming, Thom frenó en medio del tema porque notó que se había roto una valla de seguridad del lado izquierdo del escenario. “No queremos que nadie salga lastimado, seguiremos en un minuto”, anunció el frontman. Pero ese minuto se multiplicó por 15, porque al parecer el inconveniente no se resolvió tan rápido. Toda esa hiperactividad se volvió paciencia para un frontman que se bancó ese cuarto de hora tratando de no hacer perder la mística. Cantó a capella, hacía gestos graciosos, pedía al público que todos den un paso atrás… y la banda nunca se fue del escenario. Pero al igual que la noche de ayer el tiempo pasa rápido y Funny how how, tras esos quince minutos de espera el tema se terminó como corresponde. Luego pasamos a escuchar I Might Be Wrong.

Weird Fishes/Arpeggi, Feral – he aquí la segunda de la noche de The King of Limbs y (la gran) Bodysnatchers dieron por terminada la primera y más larga etapa del show.

Para cuando volvió Radiohead al escenario fue con más de su último disco: hicieron Desert Island Disk, para luego interpretar Climbing Up The Walls y que el público se encienda aún más con la coreadísima There There. Ya habíamos pasado los 20 temas del show y el tiempo había volado. La expectativa sin dudas estaba puesta en qué otros grandes hits nos regalarían en esta noche. Y OK Computer seguía asomándose: sonó Exit Music (for a film) y luego volvió a aparecer Kid A con The National Anthem e Idioteque. Así, Radiohead volvía a meterse detrás de las cortinas y nos preparábamos para la recta final. Al igual que los inicios de las otras etapas, esta fue con A Moon Shaped Pool, con Present Tense. Y el momento más eufórico llegó. Las cuentas son simples y todos sabemos que dos más dos es cinco. El pogo esta vez sacudió a más de uno y el piso tembló de emoción con el estribillo de 2+ 2 = 5. Y nos dieron el gusto de no bajar la intensidad: el final programado fue nada menos que Paranoid Android. Pero a esa lista titulada “Buenos Aires” alguien le agregó cinco letras con lápiz: decidieron hacer Creep para el final (en su anterior visita también habían cerrado así). Polémico, diríamos algunos que preferimos otros grandes himnos de ellos por fuera del hit de Pablo Honey. Y así culminó un espectáculo de sonido impecable.

Sí, faltó un poco de The Bends podríamos decir. Sí, faltó un poco de OK Computer y todos sabemos a cuales nos referimos. Pero no nos permitimos reclamo alguno tras un espectáculo soñado, ansiado por años. ¿Qué decir? Thom Yorke, con ese carisma tan particular y esa voz que realmente no se puede creer. Greenwood es talento por donde se lo mire. O’Brien: este genio de los sonidos, por momentos más subestimado que su compañero guitarrista; al verlo en vivo se demuestra su espectacular capacidad de coros y la potencia vocal además de como instrumentista. Colin Greenwood, ahí atrás junto a la batería, más escondido pero cumpliendo su rol a la perfección. Y Philip Selway, ejemplo de baterista, pasando de canción a electrónica sin escalas y con estilo.

Volvieron con su esencia y con ese talento que tanto admiramos. Volvieron para volarnos la cabeza cuando tanto lo necesitábamos. Volvió Radiohead. Y lo hizo de forma perfecta.

RADIOHEAD en el Soundhearts Festival - Blue 100.7 PH José Luis García

 

Por Natalia Grego

Fotos de José Luis García