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Euforia, locura, alegría: Foo Fighters arrasó con un auténtico espectáculo de rock

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Llegó la hora de cerrar la gira. Llegó el día en que Foo Fighters presentaba Concrete & Gold en Buenos Aires, en su tercera vez en nuestro país. Y la noche de la conversación más larga y divertida entre Dave Grohl y los argentinos, que empezó con el grito de Run y siguió por casi tres horas hasta que nos tuvo que hacer esa confesión: ¿por qué no creerle?, si somos el mejor público que vio…

“¿Ustedes saben que están locos, verdad?”, empezaba el frontman a preguntarle a los miles de presentes frente suyo, mientras tocaba el riff de All My Life. Recién sonaba el segundo tema del show y la intensidad estaba altísima. Nada podía salir mal teniendo en cuenta el arranque que planeó Foo Fighters para el estadio de Vélez, que se completaba con una “más tranquila” Learn To Fly. Y que iba a transformar esta cita porteña en un espectáculo inolvidable para fanáticos y los propios músicos, que contagiaban felicidad con sólo verles la cara.

Es cierto, ya todo era especial. Lo era desde antes que empiece, porque cerraban una extensa gira mundial con su único show en Buenos Aires, despidiéndose de un largo camino en torno a la presentación de su disco número 9, una obra bien a lo Foo Fighters que se jacta de rozar el extremismo del rock duro con algo de sensibilidad pop. Y así lo demuestra, por ejemplo, The Sky Is a Neighbourhood, un corte tan pesado como orquestal, profundo y directo, que funcionó a la perfección como quinto tema de nuestra extensa conversación con la banda formada en Seattle unos veintitantos años atrás.

Para la canción que siguió el protagonismo comenzó a compartirse porque como ya sabrán, Dave no es el único personaje de la banda. Estamos hablando de Taylor Hawkins, que hasta ahora venía tranquilo en la batería, pero que no dejaría solo a su compañero en esto de tener una conversación con Argentina. Y así llegó un solo tremendo de Taylor, ya elevado en la plataforma que sostiene su instrumento, que terminó con una ovación y el comienzo de Sunday Rain, otro gran tema del último disco, en el que el batero pone la voz líder.

Dave tenía que preguntarnos cada tanto, por las dudas, cómo estábamos, pero acá volvió a hacer hincapié en nuestra locura, con gestos de no poder creer la euforia que emanaba el campo del estadio. Es que, a decir verdad, ante medio segundo de silencio por parte de voces e instrumentos, el olé olé oleeee resonaba por todo el estadio al punto de que nos tenía que interrumpir. “Tengo una idea. ¿y si nosotros venimos a verlos a ustedes cantar?” Se volvió para atrás y se apoyó en la base de la batería para dejarnos seguir el cántico.

Tuvieron que sonar My Hero y These Days, así, casi pegadas, para que tras la euforia que generan esos hits Dave se mire con el resto de la banda, nos haga gestos de “poca cordura” y le pregunte a sus músicos si este no se había ya convertido en el show más loco de Foo Fighters. Walk, de Waisting Light, siguió en la lista para que llegue ese “regalo especial” para los fans más viejos de la banda.  Y ese regalo fue Breakout.

Mucha conversación entre él y nosotros pero todo frontman nos tiene que presentar con el resto de sus músicos. Y como lo vienen haciendo a lo largo de la gira, los Foo eligen una catarata de covers. Primero desfila Chris Shiflett cantando una de Alice Cooper. Sigue Nate Mendel, que al apenas escuchar su nombre comienza con el icónico riff de bajo de Another One Bites the Dust. Habrá más Queen en la noche. Pero el músico que le sigue a Nate es Rami Jaffee, que toca Imagine de Lennon en el piano y Dave se encarga de ponerle la letra de Jump de Van Halen. El que sigue es “Pat fucking Smear” y nosotros ya coreamos su nombre antes de que Dave pueda siquiera acercarse al micrófono. Otra vez, está anonadado con nuestra locura. Pat va a lo simple y efectivo: elige Blietzkrieg Bop de los Ramones y cuando le toca a Taylor – que ya tuvo su momento de protagonismo y a esta altura no requiere presentación – Grohl lo invita a cantarle una canción romántica. Y es así como el carismático baterista entona a capella Love of My Life, segundo homenaje a Queen del show. Pero el más potente y completo llega cuando Dave lo invita a pasar al frente e intercambian posiciones en el escenario. Qué bien nos hace esta versión de Under Pressure con Dave en batería y Taylor al micrófono.

Pasada la etapa de los covers, Dave nos canta una “dulce canción de amor” improvisada, de la cual se aburre rápido porque la lista seguía con Monkey Wrench, con Times Like These, con Generator. ¿Ya terminaron? Nos preguntaba entre tema y tema, y la respuesta era siempre que no. Este público les iba a pedir más, sin dudarlo, y así Foo Fighters tocaba Big Me y Best Of You, dos clásicos para quedarse sin garganta, uno atrás de otro, dispuestos a seguir dándonos más. 

En ese pequeño “descanso” de cuando los músicos se van atrás del escenario antes de los bises la cámara los siguió, y Dave y Taylor, con un clarísimo idioma de señas nos preguntaron cuántas canciones más queríamos que toquen a través de la pantalla. ¿1? ¿2?? ¡¿3?! Serían tres. Y al salir de vuelta ya no nos habló de nuestra locura, sino que nos agradeció por ser el público perfecto para esa noche tan especial, en la que se despedían de los viajes por el mundo para presentar Concrete & Gold.

Para Dirty Water presentó a las talentosas coristas que fueron fundamentales para tocar en vivo este último disco, en el cual buscaron “tener los mejores cantantes” y ese plus de coros es notable. Con This is a Call ya empezaba nuestro amigo a despedirse de aquella representación de Argentina que tenía ante sus ojos. Pero de la que no se quería separar. 

¿Cuántas veces tocamos nosotros en Buenos Aires? ¡Por qué este es el mejor de los shows de Buenos Aires! ¿Será por los nuevos fans? Saben que vamos a volver. Y cuando volvamos todos ustedes tienen que venir. Entonces eso es bueno porque así no tengo que decir adiós. No me gusta decir adiós nunca, pero con ustedes no lo tengo que hacer, porque los volveremos a ver. GRACIAS POR SER EL MEJOR MALDITO PÚBLICO QUE HE VISTO. ¿Ven?” (Hace señas de “Están locos”)

Así, con esta declaración de amor, se iba terminando nuestra extensa charla con este hombre que no puede ser más carismático porque ya esa onda no se puede superar. Se divierte, estalla de risa espontáneamente, hace constantes gestos de complicidad y se muestra realmente agradecido de cómo le respondemos. Genialidad. Un frontman que lo tiene todo y logra superar expectativas que, ya altas debido su talento, redobla con esa cuota de simpatía y humor. 

Son casi las doce y media de la noche y Dave sigue alucinado con los gritos que les devolvemos, “¿acá ustedes van a ver bandas o las bandas vienen a verlos a ustedes?” Y lo que queda es pura euforia con Everlong.

 

 

 

DATO. Dave Grohl volvió a pisar el estadio de Vélez Sársfield tras esa única vez que tocó Nirvana en Argentina, en 1992. Aquella fue una fecha recordada por, además de ser la única de Kurt Cobain en nuestro país, la particular ausencia del hit Smells Like Teen Spirit. Cobain decidió no tocarlo como castigo al público argentino que no trató nada bien a las Calamity Jane, el grupo que hizo de banda soporte: en la espera de Nirvana, abuchearon y tiraron cosas pidiendo que termine. Así, durante todo el show del trío que tenía a Grohl en batería, los músicos se la pasaron “amagando” con tocar el esperado tema, pero finalmente no lo hicieron. 

 

Por Natalia Grego

Fotos de José Luis García

 

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