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Bebel Gilberto en el Ópera #BlueSessions

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Por Jorge Casal

 

Bebel Gilberto paseó por Buenos Aires su excelente humor en la noche del reencuentro con el público argentino en el teatro Opera. Y fue ese estado de ánimo el que recorrió el show de la cantante, que se define a sí misma como muchas Bebel: la hija de João Gilberto, la Bebel americana y la Bebel brasileña, que terminan formateando su actual manera de ser artista.

La puesta fue ultra sencilla y con la intimidad de un bar carioca. Allí teníamos un set de percusión adosado a una batería, un violão y un banquito en el que la cantante jamás se sentó. Los dos músicos que la acompañaban eran de una técnica y un swing impecables, además de acompañarla en este juego hace un montón de años: “estamos hace tanto tiempo juntos que ya están aburridos de mí” bromeó en un momento Bebel.

Esta residente del Greenwich Village neoyorquino comenzó diciendo que estaba de luto (y vestida de negro) por  Estados Unidos y el huracán Trump, imposible de soslayar por estas horas. Pero que por un rato iba a intentar que nos olvidemos del caso y la pasemos bien. Y vaya si lo logró.

Hubo versiones en clave íntima de grandes canciones como Creep de Radiohead y un notable momento con Harvest Moon de Neil Young, a quien conoció una noche en el Carnegie Hall y tuvo la gentileza de liberar la canción para que ella pueda grabar e incluir en su álbum Tudo.

También hubo versiones de Baby de Caetano Veloso, de Samba da Bênção de Vinicius de Moraes y por supuesto canciones de Tudo, su último disco. Mención especial para el tratamiento acústico que dio a los temas de Tanto Tempo, el álbum que la consagró en Estados Unidos, con el que vendió más de un millón y medio de copias con esa sabrosa mezcla de electrónica y bossa. So Nice, Bananeira, August Day ganaron en sencillez al quedar desnudas de bases electrónicas.

Bebel hasta se dio el gusto de contar lo feliz que estaba de pasar por Argentina y de revelar que había charlado por teléfono un rato antes con su célebre padre Joao Gilberto sobre nuestro país. Todo bajo la atenta mirada de San Blue que controlaba que todo estuviese perfecto desde su privilegiada ubicación en el hall del teatro. No sé si fue mi imaginación, pero en un momento me pareció que San Blue me guiñaba el ojo, me susurraba al oído que había estado todo bien y que me esperaba para la próxima Blue Session. Y creo que a ustedes también. Hasta la próxima.